Vista panorámica de Barranquilla.
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Alcaldía de Barranquilla

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¿Qué tan preparada está Barranquilla y el Atlántico ante un terremoto?

Zona Cero dialogó con expertos sobre las condiciones actuales en temas de infraestructura, gestión del riesgo y la cultura de la prevención.

Colombia atraviesa hoy una de las mayores catástrofes de su historia por el potente terremoto de magnitud 7,4 registrado el 10 de agosto, en el municipio de San José del Palmar, en Chocó, y que también causó graves afectaciones en varios departamentos del país, entre ellos, Valle del Cauca, Risaralda, Caldas y Quindío.

Las cifras que deja, hasta el momento, son devastadoras. Según reporte de este domingo de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), el sismo causó 289 fallecidos, cinco menos que el sábado; además de 4.187 heridos y 143 desaparecidos, mientras que 354 personas han sido rescatadas. 

Los daños a la infraestructura contabilizan 121 edificios colapsados, 13.077 viviendas destruidas y otras 79.108 averiadas.

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El fuerte terremoto también se sintió en Barranquilla, sin embargo, no causó afectaciones por encontrarse lejos del epicentro del evento sísmico.

Esto no significa que la ciudad y el departamento estén exentos de vivir estos movimientos telúricos de gran potencia. De hecho, los expertos aseguran que esta región del Caribe está situada en un sistema de fallas activo como Oca–Ancón, en el norte de la Sierra Nevada, y Santa Marta–Bucaramanga.

En ese sentido, surge el debate en torno a qué tan preparado se encuentra este territorio ante un sismo de esa magnitud.

Carlos Arteta, profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad del Norte, aseguró que existen diferentes niveles de preparación, por lo que hay que diferenciar entre el antes, durante y después de la emergencia natural.

Señaló que, en materia de ingeniería, Colombia cuenta con un código de construcción sismorresistente (NSR-10), por lo que las estructuras que fueron diseñadas luego de expedida la normativa, en 1984, sí estarían preparadas para asumir los embates de la fuerza sísmica de un evento como el del pasado 10 de agosto.

Sin embargo, sostuvo que no todas las estructuras de la ciudad están aptas para eso, debido a que no todas las construcciones son modernas y otras por el contrario son autoconstrucciones, es decir, son aquellas que la ciudadanía ha levantado por su propia cuenta o a través de un maestro de obra.

Mencionó que estas autoconstrucciones no cuentan, en muchos de los casos, con el diseño de un calculista ni con el detallado sismorresistente que se requiere para soportar un terremoto.

“No todas las construcciones son modernas. Hay muchas que fueron construidas antes de 1985, que es el año en que aparece el código de construcción más antiguo que tenemos. Teóricamente, a partir de ese año podemos hablar de un antes y un después en la vulnerabilidad de las estructuras”, dijo.

Por otra parte, señaló que durante el evento sísmico las personas tienen que protegerse para evitar que cualquier elemento les caiga encima y no terminar heridos o muertos por situaciones que pueden prevenirse.

Asimismo, precisó que es esencial contar con un kit de supervivencia con agua, alimentos no perecederos, dinero en efectivo y otros elementos para tener con qué enfrentar este tipo situaciones luego de la emergencia.

Cuestionó que, desafortunadamente, esta medida no es parte de nuestra cultura. Sin embargo, enfatizó que es necesario e imperante hacerlo.  

¿Edificios en Atlántico son sismorresistentes?

La Cámara Colombiana de la Construcción capítulo Atlántico afirmó que las nuevas edificaciones formales y debidamente licenciadas en Barranquilla y el Atlántico están diseñadas y construidas bajo los parámetros de sismorresistencia establecidos por la normativa colombiana.

La entidad gremial, que dirige Jorge Segebre, sostuvo que, según registro de Coordenada Urbana, sistema de información georreferenciada del censo nacional de edificaciones, en el Atlántico se han identificado aproximadamente 36 mil edificaciones formales desde 2010, año en que se estableció la Norma Colombiana de Construcción Sismo Resistente (NSR-10).

La norma tiene como propósito que las estructuras tengan la capacidad de responder frente a las fuerzas generadas por un evento sísmico y, principalmente, proteger la vida de sus ocupantes”, destacó Camacol Atlántico. 

Manifestó que los parámetros de sismorresistencia han sido objetos de diferentes actualizaciones de acuerdo con los avances de la ingeniería, el conocimiento técnico y la experiencia sísmica acumulada por el país.

Indicó que son cuatro décadas en esta materia. Los primeros parámetros surgen desde 1984, posteriormente entra en vigor la NSR-98 y, desde 2010, la Norma Colombiana de Construcción Sismo Resistente NSR-10. De igual manera, se fortaleció el marco de seguridad y control con la Ley 1796 de 2016, conocida como Ley de Vivienda Segura.

Camacol sostuvo que la seguridad de los proyectos comienza desde su concepción, con el estudio de las condiciones del suelo, diseños y cálculos estructurales conforme a la normativa para que puedan ser expedidas las licencias ante las curadurías y poder construir las edificaciones.

Además, precisó que durante la ejecución del proyecto intervienen otros profesionales para aplicar supervisión y control en la aplicabilidad de la norma.

Detrás de una edificación formal existe una cadena de estudios, diseños, revisiones, controles y responsabilidades técnicas”, enfatizó la entidad gremial, que entregó un mensaje de confianza en la construcción formal.

Falta avanzar en reducir la vulnerabilidad

José Edier Ballesteros, experto en Gestión del Riesgo de la Cepal, aseguró que aún en el país nos falta avanzar en reducir la vulnerabilidad. Indicó que estos sismos, incluso de mayor magnitud, se pueden seguir presentando, por lo que es urgente continuar trabajando en disminuir esas condiciones que hacen al territorio vulnerable.  

Señaló como prioritario trabajar en la sismorresistencia en las edificaciones, además de entender el fenómeno natural, su incidencia en el territorio y cómo reaccionar ante la emergencia.

Sostuvo que la región Caribe no está exenta de sufrir un sismo u otro tipo de evento catastrófico, por lo que es necesario mantener una preparación permanente y contar con planes de contingencia adecuados.

Hay que estar claros de que eso va a suceder, tener identificados los sitios donde estamos ubicados y un sitio seguro para pararnos cuando suceda un sismo que pueda ser de una magnitud un poco más alta, una réplica u otro sismo que se presente en otro territorio”, afirmó.

Falta cultura en planes de emergencia

Silvia Padilla, directora ejecutiva de la Lonja de Propiedad Horizontal en el Atlántico, sostuvo en la región Caribe que no existe la cultura de planes de emergencia y que muchos edificios en Barranquilla carecen de esta herramienta.

No existe la cultura de planes de emergencia en la Costa Atlántica, porque como aquí siempre se ha escuchado que no va a haber un temblor, que no estamos en zona sísmica, pues no nos preparamos”, dijo.

Señaló que falta mucha más preparación y rigor en estos temas, además de mayor orientación de la ciudadanía en cómo actuar durante una emergencia de esta índole.

El sistema es preventivo, no es cuando ya sucedió el siniestro. Hay unas deficiencias permanentes y unas irregularidades documentadas cuando hacen los recibos de los proyectos y no se corrigen. Prefieren la estética y no piensan en la vida. El compromiso de los administradores es con la vida de las personas”, anotó.

Padilla hizo un llamado a estar más preparados, revisar que se cumpla la norma y que se actúe conforme a ella.

No esperemos a que ocurra un siniestro en Barranquilla para hacer los correctivos, tenemos que prepararnos. El planeta completo está teniendo unos cambios bastante fuertes”, apuntó.

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